
En la noche del viernes, cuando comienzó a rodar la número 5 en el diminuto terreno de juego del Diego Armando Maradona, en el barrio porteño de La Paternal el fútbol argentino de primera división se declaraba listo para desandar el último tercio del Torneo Clausura.
Dos chicos -Argentinos Juniors y Godoy Cruz- jugaron por cosas muy distintas, encajonados en la estrechez ambiental del estadio de la calle Boyacá. A los locales , entrenados por Claudio Vivas, casi lo único que les preocupa es ganar y seguir esclando posiciones desde el fondo de la tabla del campeonato del primer semestre en Argentina, tras uno de los peores inicios de liga de los Bichos Colorados en su historial en la máxima categoría. El equipo mendocino, por el contrario- está instalado en el ecuador de la tabla de posiciones y tiene todo bastante controlado como para conseguir abrochar su permanencia en la elite del fútbol albiceleste.
Otros equipos también considerados como chicos, Vélez, Lanús y Colón, han dominado casi sin oposición los dos primeros tercios de la liga, frustrando de momento las aspiraciones del vigente campeón Boca Juniors, que está irreconocible en la competición local; de River, que tras quedar último en el pasado Apertura se prometió borrar de un plumazo la fantasmagórica imagen con la que la afición se quedó mediante el fichaje de un showman y de una vieja gloria (a veces parece más vieja que gloria) del club millonario; y de San Lorenzo e Independiente, los otros grandes que siempre están obligados a luchar por el título, y que han vuelto a sufrir (al menos en el inicio de este Clausura) por el sempiterno canibalismo del que parecen disfrutar sus respectivas plantillas. Racing -más preocupado por quedarse en primera que entusiasmado por luchar por la punta del campeonato- quedaba a inicios de la liga fuera de cualquier especulación.
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Cincuenta y cinco minutos de programa (a veces menos, dependiento del momento en el que nuestros colegas de “Al Primer Toque” terminen su espacio) son demasiados pocos para hablar de todas las ligas sudamericanas, más México y -cuando comience- la MLS.
Por eso creo que es bueno comenzar, a partir de hoy, a repasar cada lunes los temas de los que no hemos podido conversar durante el programa de anoche junto a Xavi Jaso, Miguel D’Alascio y Alberto Zaragoza Lerma.
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Cuenta la leyenda popular -y alguna documentación oficial que respalda estos dichos- que los argentinos hemos legado al mundo algunos inventos de uso universal como, por ejemplo, el bolígrafo, el sistema de identificación de las personas a través de sus huellas dactilares, las jeringuillas descartables, el dulce de leche, y el bus urbano, conocido en mi país natal con el nombre de colectivo.
Al contrario de lo que ocurre en Europa, en Argentina (y en muchos otros países de Latinoamérica) los buses ciudadanos no son administrados o gestionados por las corporaciones municipales, sino que las diferentes líneas pertenecen a empresas privadas, cada una de ellas identificadas por los colores con los que sus vehículos son pintados.
Varias líneas de colectivo han marcado mi vida en Buenos Aires: el 182 (rojo, blanco y azul) con el que me trasladaba a la escuela. El 1 (azul marino) o el 2 (rojo, azul y amarillo), con los que me escapaba a Plaza Flores a comprar discos. O el 86 (celeste y blanco), el medio casi obligado para viajar desde la zona oeste hacia el centro.
Pero no hablaré de ninguno de estos colectivos hoy. El protagonista de esta entrada serán los coches de la línea 130, esas moles otrora pintadas de azul, crema y rojo, y hoy con un renovado atuendo amarillo y verde.
“El 130″, uno de los buses más populares de la capital argentina, tiene el inusual privilegio de unir en su recorrido los estadios de los dos equipos más populares del país: el “Alberto J. Armando” (la casa de Boca, popularmente conocida como “La Bombonera”), y el “Antonio Vespuci Liberti” -”El Monumental” de River Plate, donde habitualmente también juega la selección “albiceleste”-.
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River Plate está en problemas. Preso de los errores dirigenciales, hipotecado, rehén de la violencia de los integrantes más radicales de su “barra brava”, sin un proyecto de crecimiento en base a la utilización de su cantera, ninguneado por la mayoría de sus pares en la liga argentina, disociado de sus referentes históricos más o menos cercanos en el tiempo, sin peso ni credibilidad en Sudamérica, último en el pasado Torneo Apertura que acabó en Diciembre.
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