diciembre 13, 2009 Argentina, Cracks, Entrenadores

El fútbol no era la prioridad. Cuando hace más de 113 años Daniel Kingsland y George Burton fundaron el club, el primer objetivo era crear un lugar donde los centenares de trabajadores británicos del Gran Ferrocarril Sur pudieran reunirse, socializar, y compartir las añoranzas por la tierra que les había visto nacer. Como en muchos otros sitios Argentina, el pueblo de Banfield creció alrededor de la estación de tren como si se tratara de una auténtica Little Britain en plena pampa húmeda.
Banfield -el club- creció a la par de Banfield -la ciudad, ubicada 15 kilómetros al sur de Buenos Aires-. Y ambos fueron todo lo británicos que pudieron ser durante largos años, en los que el cricket fue el deporte rey. Ese home away from home solo comenzó a acriollarse con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Nacidas o no en el Reino Unido, muchas de las familias que habían impulsado la llegada del ferrocarril y el crecimiento de la pujante villa sintieron el llamado de la lejana Madre Patria y se embarcaron con rumbo a Londres.
En ese momento, la entidad verdiblanca comenzó a abrirse al universo no británico que le rodeaba. El fútbol -hasta ese instante relegado a un segundo plano- comenzó a ganarse su sitio, sin perder del todo el estilo anglosajón que originariamente le imprimieron nombres míticos, perdidos entre las nubes de vapor que escupían las locomotoras que llegaban a esa posta del sur, como los de James Doods Watson, Edward Potter o Charles Douglas Moffatt.
Jamás Kingsland y Burton pudieron imaginar aquel 21 de Enero de 1896 que el 13 de Diciembre de 2009 el flemático Banfield llegaría al momento más glorioso de su historia, conocido por el mote de el Taladro, ganando un título de la primera división del fútbol argentino, y -tal vez esto sería lo más sorprendente para los fundadores- sin ningún súbdito británico en sus filas.



