
Pese a que Brasil y Argentina cuentan con lo mejor de su talento futbolístico en tierras europeas, los seleccionadores de ambas potencias han dado muestras en las últimas horas de que tienen en cuenta a los jugadores que actúan en las ligas de sus respectivos países.
Las convocatorias a la Canarinha o la Albiceleste son de las más caras de la escena internacional. Sin embargo, algunos productos nacionales han conseguido colarse en la lista de Dunga y en el equipo de Diego Maradona.
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Hace muchos -pero muchos- años, uno tenía mucho tiempo libre y amigos ricos en contactos. Hace muchos años -sin trabajar en la sección de deportes de la entrañable emisora de la Avenida Santa Fe- uno se dejaba caer por la radio los sábados y domingos para colarse entre quienes hacían las transmisiones en una especie de viaje a lo desconocido. Un sábado la sufrida cabina de la cancha de Morón, y el domingo el premio de el Monumental. Un viernes por la noche el Amalfitani, y el domingo después del mediodía la inyección adrenalínica de la Bombonera.
Una época cargada de anécdotas, de momentos de los que apenas hoy -casi dos décadas después- uno comienza a sacar rédito emocional, una larga temporada de cenas en El Obrero, Chiquilín o en Las Cuartetas en las que había que callar y oir lo que un monton de gente que sabía (y sigue sabiendo, claro) tenía para decir sobre lo que se estaba cociendo en el fútbol de Argentina de ese entonces.
Me emocionaba pensar que en esas a veces demasiado retorcidas tertulias uno tenía el privilegio de poder espiar lo que la intelligentsia futbolera porteña tenía para decir. Dos narradores, dos plumas de Clarín y una de La Nación, un ex árbitro, y alguien que terminó estando muy involucrado en el anterior cuerpo técnico de la selección argentina eran los más ilustres miembros de este grupo itinerante, que se gastaba las horas discutiendo tácticas, nombres. cábalas, rumores e historias prohibidas e impublicables.
Dos décadas atrás esa tribu a la que se me permitía acceder como elemento complementario gozaba de un panorama futbolístico muy diferente al actual. Enormemente rico en talento en comparación con lo que hoy propone el Clausura 2009. Sin embargo, sigo imaginando a más de uno de esos personajes sentado por estos meses en las plateas del victoriano palacio Ducó, donde el campeonato argentino deja entrever jornada a jornada los dos cantos antagónicos de su filo.
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