A primera vista no lo parece. Otras naciones sudamericanas dan la impresión de superarlo de manera sobrada en esta estadística. Pero los datos son científicos, contundentes, y avalados por autoridades en la materia. Brasil, sede de la Copa del Mundo en poco más de dos años, es el país en que se han producido más muertes por incidentes entre hinchas de fútbol en la última década.
De acuerdo con el sociólogo Maurício Murad, a cargo de la citada investigación y que próximamente publicará un libro titulado Para Entender la Violencia en el Fútbol, a principios de este siglo Italia y Argentina lideraban con comodidad este lúgubre cómputo. Una década más tarde, Brasil se apoderó de la primera posición.
La última década ha sido testigo de un creciente grado de perfeccionamiento económico del fútbol que se juega en el mayor país sudamericano. Al mismo tiempo, la violencia dentro y fuera de los estadios ha crecido de una manera similar.
Entre 1999 y 2009 se produjeron 4,2 muertes por año. Pero la constante ha ido en crecimiento. Si solamente tomamos el período 2004-2008, el promedio se eleva a 5,6 fallecimientos cada doce meses. Y si ajustamos la mirada al bienio 2007-2008 el cociente llega a 7 muertos por temporada.
Según el trabajo de la alta casa de estudios carioca, la mayoría de las víctimas pertenecen a los grupos sociales más desprotegidos de la sociedad brasileña: jóvenes de entre 14 y 25 años, de clase social baja o media, solamente con estudios primarios y, por lo general, desempleados.
Murad manifiesta que la versión brasileña de las barras bravas nacieron en la década de los setenta, como fuerzas de choque de corte pseudo militar. Más recientemente, los grupos de violentos (que representan entre un 5 y un 7% del total de las aficiones) se asociaron con grupos criminales, vinculados a los robos y la venta de drogas. En muchos casos, los ultras son elementos activos de esas bandas.
En pos de conseguir en un futuro esa reeducación una medida considerada clave es la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas en los estadios, algo que se lleva a cabo desde hace un tiempo en Brasil. Llama la atención (juguemos a ser ingenuos por un momento…) que sea la FIFA la que -con el objeto de poder cumplir un millonario contrato con una multinacional productora de cerveza- por estas horas presiona al gobierno de Dilma Rousseff para que al menos durante algunas semanas en 2014 la venta de alcohol sea legal en las canchas del país organizador del Mundial.






