Es la primera vez que un cambio de peinado ha servido para que se especule tanto sobre el futuro profesional de un futbolista. La simple publicación de la foto con el nuevo corte de Neymar ha servido para que desde España llegaran afirmaciones o consultas orientadas a la posibilidad de que el nuevo look de @Njr92 estuviera vinculado a un pedido expreso de Florentino Pérez. Al presidente del Real Madrid no le gustan los estilismos extremos, según se comenta. Y -siempre según esos rumores- para ser parte en un futuro cercano del plantel de José Mourinho el mejor jugador que tiene hoy en día el fútbol que se disputa en Sudamérica habría aceptado podar el mohawk que le ha servido de santo y seña hasta hoy.
El desayuno de ayer nos sirvió una versión puesta a rodar por Ernesto Bronzetti, que daba cuenta de que -sin drama y forcejeo de por medio- Neymar había sido fichado por el Real Madrid. El aperitivo del almuerzo trajo la desmentida del intermediario y la apertura oficial del culebrón que protagonizará en las próximas semanas el atacante del Santos. Las primeras horas de la tarde fueron para el futbolista, quien al desembarcar en el aeropuerto de Carrasco, aseguró que no ha firmado nada con el club merengue.
Neymar, el hortera. Neymar, el quillo. Neymar, el mersa. Neymar, el de la pinta inaceptable para un grande del fútbol europeo. Su cresta mohicana y el prejuicio estético devalúan y condicionan en muchos foros el análisis de quien es un jugador excepcional. Tengo la sensación de que un sólido candidato a estar en las ternas de las futuras entregas del Ballon D’Or, está siendo evaluado de acuerdo con parámetros que nada tienen que ver con lo estrictamente futbolístico. El solo hecho de que un aficionado considere que un deportista está preparado para firmar por su equipo luego de que este haya hecho una visita a la peluquería habla de hasta qué grado se han pervertido algunos conceptos.
Por increíble que parezca, hay gente que todavía no conoce a Neymar. Seguramente por eso casi solo se habla de lo epidérmico cuando nos referimos a él. Tal vez sea oportuno puntualizar sobre algunas de sus características. Pese a que recientemente Ronaldo lo bendijo como su sucesor en la selección brasileña, el del Santos no es un delantero centro. A grandes rasgos, es un jugador que recuerda bastante a un Cristiano Ronaldo post adolescente; puede desempeñarse como ariete, aunque no es su posición natural. Igual que el portugués, el paulista tiene en su caracter un puñal de doble filo. Es capaz de adueñarse, tirar del plantel y convertirse en líder del equipo en muy poco tiempo. Pero también su personalidad a veces le juega malas pasadas, hasta llevarlo al extremo de convertirlo en un déspota capaz de hacer saltar por los aires a uno de los entrenadores que más han hecho por su carrera hasta ahora, como ocurrió con Dorival Júnior.
Neymar es un crack global en proceso de montaje. En su carrera por etapas, ha completado el mapa sudamericano. Ni más, ni menos. Europa y sus equipos grandes son de momento una ecuación por despejar. Su producto todavía requiere de formación y definición. Todo lo bueno que hace en la cancha podría amplificarse de manera exponencial si se dan las condiciones idóneas. Los aspectos negativos de su personalidad -que no son tan graves, tampoco hay que demonizarlo- pueden ser pulidos. De hecho, su actitud se ha morigerado mucho desde la llegada de Muricy Ramalho al Santos. El técnico más exitoso de Brasil en la última década cuenta con la experiencia, la convicción y la muñeca necesaria para ensayar algunas correcciones de curso en la trayectoria del de Mogi das Cruzes.
Neymar, el del carisma inagotable. Neymar, el jugador franquicia. Neymar, el que dicta modas. El más talentoso que hoy vive por debajo de la línea del Ecuador. La gallina de los huevos de oro, preparado para dar el gran salto. Chelsea, Manchester City, los dos equipos de Milano y la Juventus, además del Barcelona. Todos han sido postores que en un momento u otro se han acercado a la ventanilla del Santos. Los rumores hoy le hacen jugar un pulso imaginario con Sergio Agüero en la disputa por una plaza en el vestuario del Real Madrid. No quiero pronunciarme sobre las opciones laborales del delantero a futuro. Pero hoy el club de la capital española cuenta en José Mourinho con un factor que en la decisión del jugador pueda ser definitoria. La posibilidad de llegar a Europa y trabajar bajo las órdenes de un entrenador que habla su mismo idioma seguramente es tenida en cuenta por el entorno del jugador. Puede parecer un detalle menor, pero a la hora de emigrar por primera vez esas cuestiones pesan mucho. Su actual club fijó sobre Neymar una cláusula de rescisión de 50 millones de euros. Al Madrid le vendría bien pagar 40 millones, según cuentan. En cualquier caso, estamos en presencia de alguien que romperá récords de dinero abonado por una transferencia entre Sudamérica y el Viejo Continente.
Neymar está ante el partido más importante de su breve carrera. Esta noche jugará la primera final de la Copa Libertadores. En un encuentro de placa como será el Peñarol vs. Santos, casi todas las miradas se detendrán en él. Su entrenador sabe de su valor y de su capacidad de hacer la diferencia. Pelé -el último que jugó y ganó un trofeo como el que está en disputa para el Peixe- también lo avala y lo apunta como una suerte de heredero. O Rei -que en sus años mozos ensayó un mohawk también- no quiere perder pisada y quedar fuera de la escena.
El guerrero mohicano llegó a Montevideo en medio de una lluvia de cenizas volcánicas. Una escena casi de comic. Con un tono más rubio y un flequillo que remite a épocas felices de Chacho Coudet, Neymar se desentiende de las versiones que lo atan al Real Madrid y promete que su cresta volverá a alzarse pronto. ¿Será esta noche en el Centenario?





