El calibre

 

Vivo saber sin saber hasta cuándo estaré vivo
Sin saber el calibre del peligro
No sé de dónde viene el tiro.

¿Por qué caminos vas y venís?
¿A qué lugares nunca vas?
¿Y en qué esquinas nunca te detenés?
¿A qué hora nunca salís?
¿Hace cuánto tiempo sentís miedo?
¿Cuántos amigos ya perdiste?
Refrigerado viviendo en secreto
Y aún así decís que no es tu problema.

Y la vida ya no es más vida
En el caos nadie es ciudadano
Las promesas fueron olvidadas
No hay estado, no hay más nación
Perdido en cifras de guerra
Rezando por días de paz
No ves que tu vida aquí se cierra
Con una corta nota en los periódicos.

“El Calibre” (Herbert Vianna / Os Paralamas do Sucesso)

El ojo de Fernando Cáceres. El cráneo del Salvador Cabañas. El glúteo de Juan Carlos Silva. Los dieciséis futbolistas masacrados en Ciudad Juárez. El secuestro del padre de Jonatas Domingos. O el de la madre de Robinho. La batalla campal protagonizada por ultras colombianos en un hospital de Bogotá. El listado podría ser interminable. Pero por extenso que sea, no sirve. En lugar de hacernos reaccionar, nos anestesia. Nos hace sentir afortunados por no ser uno más de la estadística. Las noticias apenas terminan siendo un vector de la desgracia que se hace lamentablemente popular porque quien lo protagoniza es el dueño de un dorsal reconocible.

Y el fútbol sigue. Los emblemas de las víctimas de la violencia ciudadana en América Latina que visten una camiseta famosa terminan mutando en veteranos de guerra. Los estadios, las calles, las plazas, los parkings se transforman en polígonos de tiro, en teatros de operaciones. Y el fútbol sigue. Aunque los suyos comiencen a ser mártires de esta guerra urbana.

Mis hermanos, mis amigos del colegio primario, mis padres, la gente a la que quiero y la que no quiero. Pronto mis sobrinos lo harán. Todos caminan por esas calles, paran en esos semáforos, van a esos estadios. Y el fútbol sigue. Como si no pudiera hacer otra cosa más que ofrecer a sus obreros y a sus artesanos -a su público también- como carne de cañón. Como sangrienta ofrenda a unos anacrónicos dioses del masomenismo. Todos nos conformamos pensando que vivimos más o menos seguros mientras no engrosamos las estadísticas del equipo de las víctimas. Y el fútbol sigue.

Desde Ciudad Juárez a Santiago de Chile, el fútbol es la única institución ecuménica, capaz de unir pueblos y borrar fronteras en Latinoamérica. La agresión a Salvador Cabañas lo ha probado. No ha habido hincha que no se solidarizara con el Chava y su familia en las últimas horas. Pero la liga mexicana, la liga argentina, la liga brasileña, la liga colombiana (y todas las demás, para el caso da igual dónde se produjo el hecho y quién fue la víctima) siguen. Los que vivimos alrededor del fútbol solo nos detenemos a especular si fue correcto que el Negro Cáceres circulara con un flamante BMW por el suburbio oeste de Buenos Aires. Si el goleador paraguayo no debería estar en su casa un lunes por la madrugada. Si Robinho no debería haber hecho ostentación de bienestar económico cuando comenzaba a consagrarse en el Santos. Y nosotros también seguimos.

En tiempos en los que ser ciudadano a veces parece que no valiera de nada. En momentos en quienes nos gobiernan solo se esfuerzan para demostrarnos que las estadísticas no indican que estemos tan mal como podríamos estar. En una época en la que todos contamos los minutos para llegar a casa y -al fin- sentirnos seguros. En medio de estas circunstancias el fútbol debería ponerse de nuestro lado. Parar, si eso fuera necesario y eficaz. Demostrar que al menos a él le importamos, aunque en el fondo de nada sirva. De lo contrario, me vale madre el fútbol.

Eu vivo sem saber até quando ainda estou vivo
Sem saber o calibre do perigo
Eu não sei, daonde vem o tiro.

Por que caminhos você vai e volta?
Aonde você nunca vai?
E que esquinas você nunca para?
À que horas você nunca sai?
Há quanto tempo você sente medo?
Quantos amigos você ja perdeu?
Enfrigerado vivendo em segredo
E ainda diz que não é problema seu.

E a vida já não é mais vida
No caos ninguém é cidadão
As promessas foram esquecidas
Não há estado, não há mais nação
Perdido em números de guerra
Rezando por dias de paz
Não ve que a sua vida aqui se encerra
Com uma nota curta nos jornais.

“O Calibre” (Herbert Vianna / Os Paralamas do Sucesso)


2 comentarios... agrega el tuyo!

  1. Diego - 05/02/2010

    http://www.youtube.com/watch?v=4CgEuQHIisI

    Me fui de viaje a Túnez, a la vuelta, después de una semana de desconexión total, me encuentro con el regreso de Robinho a Vila Belmiro y la agresión a Cabañas. Después de lo de Cáceres, lo del paraguayo me sentó como si me metieran en una cubitera de hielo. Me quedé helado.

    Os dejo otro tema, esta vez de unos uruguayos bien conocidos por Argentina.

    No será un tema agradable, pero hay que hablar de ello también. Por desgracia, es algo que parece ir ligado a la vida actual y al fútbol, ambos siguen, pero la reflexión es obligada.

    Un saludo.

     

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