Messi, el 4-3-3, The Ramones y el helado de chocolate

 

Argentina, Mundial 2010

Leo Messi y Diego Maradona, durante un entrenamiento de la selección argentina.

A Leo Messi le va como anillo al dedo el sistema táctico identificado por los tres dígitos más de moda en el mundo del fútbol en estos momentos: 4-3-3. Eso es tan cierto como que a mí me sienta de maravilla escuchar un par de canciones de The Ramones cada mañana antes de salir a trabajar. O como que a tí -querido y paciente lector de este blog- te encanta coronar una soberbia paella con una buena ración de helado de chocolate.

Pero si mi mp3 se queda sin pilas, o si lo que te toca en suerte a la hora del postre es una macedonia, la vida no se detiene. ¿A que no? Ni a tí ni a mí -simples mortales, al fin de cuentas- nadie saldrá a defendernos diciendo “Ariel ha estado mal en la radio el domingo porque no ha podido escuchar a los Ramones”. O, “¿Como pretenden que no esté con cara de bragueta, si no ha podido comer helado de chocolate?”.

Así son las cosas para casi todos, menos para unos pocos elegidos como el astro del Barça. La prensa especializada, la blogosfera y muchos aficionados justifican sus decepcionantes actuaciones con Argentina, debido a que la selección no juega a la Guardiola. ¿En qué planeta vivimos los que esperamos que Leo Messi destaque con la Albiceleste, más allá del sistema táctico que el equipo emplee? Lejos, muy lejos forastero…

Comencemos por un acto de contricción pública. A veces llego a pensar que los argentinos esperamos demasiado de Messi. Que con saber que es un jugador que estará durante la próxima década entre los cuatro o cinco mejores del mundo no nos alcanza. Que con verle triunfar con el Barcelona no estamos satisfechos. Nuestro ego y nuestro orgullo exigen más. Queremos que -como mínimo- nos entregue una Copa del Mundo con la selección, que se ponga el equipo al hombro y tire de él sin importar la entidad del rival de turno, y que -si se puede- en medio de los festejos le moje la oreja a los enemigos deportivos más odiados. Llegamos, incluso, a esperar que cambie su peinado, en busca de mayor fortuna.

- El Pulga jamás podrá igualar el rendimiento que tiene en el Barça, porque ninguna selección del planeta puede hoy en día clonar el juego y la calidad de los integrantes del equipo de la Ciudad Condal. Ni España ni Brasil serían rivales para el cuadro culé si hoy pudiera darse un enfrentamiento de ese calibre.

- Tal vez algún día lo sea, pero el rosarino no es un líder. Ni en el vestuario del barrio de Les Corts, ni en el que está en Núñez. Tampoco -pese a su enorme calidad- lo es dentro del terreno de juego de momento.

- A Messi le cuesta una enormidad expresarse en público. Son contadísimos los contactos uno a uno que el crack tiene con la prensa española, y mucho más restringidos los que concede al periodismo argentino. Es un campo en el que se encuentra trabajando, progresando -y su más reciente exclusiva con la señal de TyC Sports es una prueba de ello-, pero Leo está a años luz de poder convertirse en el caudillo o en el líder dialéctico de su club o de su selección.

Por eso, creo que la afición argentina haría bien en sincerarse y, al mismo tiempo, quitar la presión (absolutamente estéril) que desde hace un par de años ejerce sobre el futbolista del Barcelona. Messi jamás conseguirá ocupar el lugar de Diego Maradona, quien -con todo lo bueno y todo lo malo- es un personaje fundacional en el fútbol contemporáneo de mi país. Lío -como le llama el Diez- tal vez llegue a ser mejor futbolista de lo que fue el actual seleccionador en sus años dorados, pero jamás equiparará a su predecesor en el terreno de la emoción y en el calado en el inconsciente colectivo del país en el que nació.

La única posibilidad que tiene la selección argentina de volver a alzar la copa en los próximos tres mundiales pasa por contar con un Leo Messi con sus capacidades al máximo. Por eso es necesario -obligatorio, mejor- sentarse y esperar, con paciencia, a que el rosarino encuentre la conexión con un universo albiceleste que hasta ahora le ha resultado extremadamente contradictorio.

Muchas voces autorizadas coinciden en diagnosticar que la falta de peso del barcelonista en el equipo nacional de su país se debe a que Diego Maradona no “arma” una alineación siguiendo el modelo 4-3-3, a fin de sacar el mayor partido posible del talento nacido en Rosario. A mí este análisis me parece endeble o -como mínimo- incompleto.

Salvo durante el oasis de la Copa América de 2007 o de los Juegos Olímpicos de 2008 -en el que toda la Albiceleste tuvo una actuación muy destacada- Leo Messi ha pasado bastante desapercibido en la selección absoluta. Desde el 2006 hasta nuestros días, cuatro diferentes entrenadores lo han tenido a su disposición, y con ninguno de ellos ha conseguido Messi expresarse a su máximo nivel durante un período prolongado.

Con José Pekerman no llegó a entenderse, y los pocos minutos de juego que tuvo en el último Mundial terminaron por dinamitar la relación entre ambos. Quienes conocen de carca la intimidad del equipo argentino reconocen que Sergio Agüero y el propio Messi fueron los principales responsables de encender la mecha que terminó por expulsar al cuerpo técnico encabezado por Alfio Basile. Tras su paso por el equipo que ganó los JJ OO bajo la batuta de Sergio Batista, ahora Leo cuenta con su admirado Diego Maradona como coach, con quien las cosas tampoco son fáciles.

Pekerman, Basile, Batista y Maradona. Cuatro personalidades perfectamente diferenciadas. Cuatro métodos de trabajo que en poco o nada se parecen. Cuatro opciones estratégicas disímiles. Hasta el momento Messi no ha podido funcionar bien a lo largo del tiempo con ninguno de ellos. Más allá de las limitaciones que José, el Coco, Checho y el Pelusa puedan tener como entrenadores, prácticamente nadie ha puesto la lupa en el deficiente grado de adaptación que Leo ha tenido hasta ahora dentro de la selección argentina.

¿Es responsabilidad pura y exclusiva de los cuerpos técnicos de Argentina el hecho de que el 10 de la Albiceleste no consiga parecerse ni siquiera un poco al 10 del Barcelona? ¿Está libre Messi completamente libre de culpa y cargo con respecto a lo que está pasando con su carrera como internacional con el equipo de su país?

A Leo -especialmente desde el arribo de Maradona al cuerpo técnico del equipo argentino- se le viene negando de manera sistemática su dosis diaria de The Ramones y de helado de chocolate cada vez que se viste de internacional. El seleccionador parece incapaz de poder armar un equipo a la medida de su mejor jugador. Y las chances de que eso se produzca desde ahora y hasta el inicio de la Copa del Mundo son mínimas.

A partir de esta premisa, tenemos dos opciones. O nos resignamos a pensar que Messi tendrá una tristísima participación en el campeonato de Sudáfrica. O podemos optar por esperar que los melones se acomoden en el camión y que el argentino esté dispuesto a hacer un sacrificio. Que demuestre que acepta renunciar a la comodidad de un sistema en el que mejor se sabe mover. Y que pueda aportar -en la medida en la que le sea posible- al funcionamiento de la Albiceleste.

A todos nos toca trabajar en ambientes o situaciones que no son las que más nos favorecen. Lo que Leo vive cada vez que representa a la bicampeona del mundo es su particular mundo real, lejano de la idílica Masía, y del sentido común de Josep Guardiola. Con su incapacidad o su falta de voluntad para adaptarse a un esquema de juego que no sea el 4-3-3 Messi está demostrando una debilidad que sus dos principales rivales en la lucha por ser el monarca del fútbol mundial -Cristiano Ronaldo y Kaká- no acusan. Estoy convencido cuando pienso que Messi tiene muchos más registros que el de solo ser un jugador válido en el dibujo táctico que actualmente emplea el Barcelona.

El Pulga añora a los Ramones y el helado de chocolate cada vez que Maradona llena su plato con sopa, al tiempo que tararea el greatest hits de Pimpinela. Hasta ahora, el futbolista ha dicho “paso” cada vez que se le ha presentado ese plato y -mientras no se pruebe lo contrario- el entrenador es incapaz de preparar otra receta. La pelota está por estas horas más en el tejado de Messi que en el de Maradona. Es hora de que Leo ponga en negro sobre blanco que, a día de hoy, sabe controlarla mejor que Diego.

6 comentarios... agrega el tuyo!

  1. "Lama" - 19/11/2009

    Ariel, yo creo que el tema de Messi da para una entrada (tan buena como esta que has escrito), un LF y un podcast de más de una hora… pero al final aburriremos a la gente.

    Yo después de todo lo que hemos hablado desde hace tiempo creo que el distinto rendimiento que está dando Leo en Argentina lo achacó a todos: a Maradona, a sus compañeros, a la presión y al propio Messi.

    A Maradona porque cree que el nuevo 10 es un jugador tan inteligente como para poder leer los partidos y moverse en consecuencia a lo que el equipo requiere cuando no es así. Además de cargarle de presión con sus declaraciones en lugar de quitársela.
    A sus compañeros (no todos) porque tampoco rinden como en sus clubs y tampoco son tan criticados (ya mencionaste en su día a Agüero que también es sangrante); la presión mediática que se genera cada vez que Messi se viste con la Albiceleste con sus “a ver si este partido es en el que va a romperla” y cuando no ocurre le dan palos.

    Pero también a Messi, que tiene tanta culpa como Maradona. Se le calificó de “vigilante” por cargarse a Román (Riquelme vuelve!) con el peso en el vestuario que eso implica, pero después no tiene el arranque de personalidad o de orgullo como para pedir el balón, o incluso “desobedecer” a Maradona buscando una posición en la que pueda explotar su juego. Le vi el sábado en el Calderón acostado en la derecha esperando a que le llegaran los balones (no le llegaría más de cuatro en el tiempo que jugó, estoy seguro) y no fue capaz de buscar una posición más centrada o incluso retrasarse para dar una opción diferente (aunque tampoco es que Argentina generara mucho juego para que con estas variaciones le llegaran más balones).
    Messi se ha acomodado, se siente protegido por un sector de la opinión pública (la española, vamos) que se lo perdona todo, y no tiene el valor de querer convencer a los demás.

    Dice que cambiaría sus éxitos en BCN por un Mundial con Argentina, pero visto lo visto, parece más una declaración de cara a la galería que un sentimiento puro. A mí no me preocupa que hable más o menos con la prensa, incluso no me molesta que haga ese tipo de declaraciones para quedar bien, pero sí que me preocupa que esa desidia que muestra cuando se viste con la camiseta nacional se traslade a su club cuando no le vengan bien dadas (porque imagino que lo que vive ahora en Barcelona, atendiendo a la naturaleza cíclica del fútbol, no será eterno).

    En fin Ariel, y en resumen, haces bien, esto va más allá de Maradona y Messi, hay más factores, pero para el cambio a mejor son ellos dos los que tienen que dar el primer paso y ya verás como en Sudáfrica “la Pulga” la va a partir.

    Saludos

     
  2. P.M.X. - 19/11/2009

    Buenísima entrada, entiendo que os preocupe. La verdad es que discernir el carácter de Messi se antoja complicado, y sin ello es difícil saber que le pasa por la cabeza cuando se viste con la albiceleste. Seguro que el sistema influye en su juego, pero debe haber algo más. Por cierto, tras la paella lo mejor es la fruta, si no no hay manera de levantarse,jeje.

    un saludo desde cultura-de-futbol.blogspot.com

     
  3. Ariel Judas - 19/11/2009

    Gracias por los comentarios. He estado a punto de no publicar esta entrada, porque temía ser demasiado poco objetivo. De hecho, esta es la quinta o sexta versión de un post que comencé a escribir el sábado después del partido y en caliente.
    Leo Messi es un jugador que tiene todo para dejar su nombre grabado a fuego en la historia del fútbol, pero hasta ahora ha hecho solo la mitad del recorrido. 100% de talento y 0% de implicación personal (tal vez ese cero sea mentiroso, pero es que -además- Messi y su entorno se equivocan al ocultar los pocos gestos de caracter que el rosarino pueda tener).
    Me considero una persona tímida, y entiendo muchas veces lo que puede pasar por la cabeza de Messi. Y se que además de la timidez está el hecho de tener que lidiar con el peso de ser una estrella en el Barcelona… eso inmediatamente te “obliga” a ser igual de bueno con la selección… es una consecuencia inevitable para cualquier futbolista argentino. Tengo una gran esperanza con Messi y la concentración previa al Mundial. Esos veinte días junto a alguien como Juan Sebastián Verón (a estas alturas lo considero más determinante que al mismo Maradona) pueden terminar por ordenar el panorama dentro del equipo, y pueden ayudar a Messi a aprender a brillar, más allá del 4-3-3.

     
  4. andres navarro - 19/11/2009

    Muy acertado Ariel, un club y una selección son muy distintos, la posicion y el juego de los integrantes es diferente. El mismo “Chupete” Suazo es punta en Chile, y con el Monterrey juega de volante ofensivo, no tan adelantado como en la Selección, no rinde igual pero desempeña bien los 2 papeles.

    Siempre será distinto el desempeño en el club que en la Selección. Y mas si estas en la albiceleste.

     
  5. Diego Torres - 19/11/2009

    Estimadísimo Ariel: como siempre muy profundo tu análisis aunque me resisto a creer que Lio tiene hoy la pelota de su lado. Viendo al conjunto albiceleste, veo de todo menos un conjunto o, como se estila decir hoy por estas pampas, “la construcción colectiva” es una condición básica para que una individualidad se brille, y lo que se observa en la cancha son jugadores sueltos, perdidos, nerviosos y por lo tanto muy poco amables con la redonda. Ojo, no hablo de “jogo bonito”. Argentina ’86 no lo tuvo pero sí tuvo un libreto en el que cada uno conocía su letra. Todos jugaban para que la pelota le llegara al “10″, y “Pelusa” resolvía. Cuando no, tenía en Burruchaga a un estratega-tiempista.
    Está claro que Lío no es Diego. Nuestro joven maravilla juega rodeado de titanes y creo que no sería quien es si, en lugar de llegar al Barsa, le hubiera tocado jugar en aquel Nápoli en el que Maradona hizo goles desde todos los lugares imaginables y desde los otros también (recomiendo peli “O visto Maradona” para refrescar la memoria).
    Hasta en el modesto equipo Napolitano había una construcción colectiva formada alrededor de Maradona, al que siempre le llegaba la pelota para definir o para alimentar al exquisito Careca.
    Hagamos un ejercicio: observemos cuántas pelotas por partido le llegan a Messi en la selección, sin contar que algunas de esas pelotas llegan con la misma sutileza con la que un ladrillo cae del sexto piso de un edificio en construcción. Vamos viejo! para resolver él juego así, tenés que ser Maradona, de otro planeta. Messi es Messi. Sin dudas uno de los más grandes del mundo, pero de este mundo, terrenal.
    Si logramos armar un equipo, con un libreto, con una idea de juego, Lio se va a sentir liberado y la va a romper y Argentina hará un excelente mundial. Y cuidado: estar entre los 4 mejores es hacer un excelente mundial, aunque esto no suene muy argentino que digamos.

    Abrazo
    PD: aguante The Ramones!

     
  6. Ariel Judas - 20/11/2009

    Diego: Qué bueno encontrarte acá! Coincido con respecto a que Argentina no tiene “equipo” como idea colectiva. Pero a mí lo que me subleva bastante (creo que se nota) es la visible apatía (ojo… yo creo que la procesión va por dentro, como trato de explicar en la entrada) de Messi.
    Maradona -para bien y para mal- hay uno solo. Y no pretendo que Leo resuelva todo solo. Nada de eso. Simplemente que ponga un poquito más de sí… no solo en la cancha.
    Yo también creo que quedar entre los cuatro primeros sería un éxito, viendo lo visto.
    “O visto Maradona” es material de consulta permanente en mi refugio del Bronx… jajaja.

    Te mando un abrazo grande!

     

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