octubre 21, 2009 Argentina, Mundial 2010

El lunfardo, el argot rioplatense, está plagado de palabras que se explican mejor que sus sucedáneas acuñadas por la Real Academia. No estoy incómodo. Tampoco molesto. Ni siquiera herido. Lo que en realidad me pasa es que me siento berreta. O, peor -y si se me permite el palabro-, tengo la sensación de que en los últimos días me he aberretado, o que tal vez me hayan aberretado.
Berreta es el sinónimo argentino o uruguayo al cutre, de amplio uso en España. Lo berreta habita en el ámbito de lo mal acabado, lo de baja calidad, lo vulgar, lo poco refinado. Y en ese limbo del berretismo he quedado atrapado desde hace unos días. Y no estoy solo allí, estoy seguro.
Mientras YouTube y las teles no dejan de reponer los pedidos de afecto bucal que Diego Maradona lanzó a mansalva el miércoles pasado en el Centenario, el análisis de la clasificación de la selección argentina a Sudáfrica 2010 ha naufragado. Entre amagues de braguetas bajas, de bocas cerradas, y del campeonato de caricaturas que se ha organizado alrededor de la figura pública del Diez, de fútbol y de sentido común se ha hablado poco y nada.
Maradona firma pagarés que prometen conversaciones a futuro. Con Julio Grondona, para ver si continúa siendo el seleccionador de la Albiceleste. Con Leo Messi, para indagar sobre las por ahora insondables razones por las que el rosarino no puede elevar su nivel con la camiseta del país en el que nació. Con la prensa argentina, para intentar recomponer la relación simbiótica que el opticón y Pelusa han mantenido desde que el tiempo es tiempo. Pero nadie valida los documentos garabateados por la firma del divo. Compromisos berretas, que se evaporan entre especulaciones de dudoso sustento.
Con su hit “Que la chupen, que la sigan chupando”, compuesto y estrenado en Uruguay, Diego volvió a ser instalado en los medios de comunicación de Argentina y de casi todo el mundo en su versión más berreta.
A una semana vista, el estallido bílico de Maradona sigue pareciendo exagerado. Censurable. Y hasta merecedor de algún tipo de medida disciplinaria. A propósito, ¿Si la FIFA está tan escandalizada con los dichos y gestos del seleccionador argentino, no debería haber anunciado ipso facto el castigo que le impondrá?. Llámenme paranoico, pero creo que esto tiene pinta de ser el culebrón de lo que resta de 2009. Esta dilación de Sepp Blatter & Co. también es berreta. La AFA no podía quedarse afuera del lodazal, y -para no ser menos- ha ahondado en la berretería al ponerle el hombro a la procacidad de quien hoy vuelve a ser un reo mediático a nivel global.
El colectivo de la prensa argentina -el blanco de los ataques de Maradona en esa ya fatídica noche montevideana- no queda exento del berretismo. Luego de haberse mostrado su herida sangrante al mundo, después de haber editorializado sobre el ser y el deber ser del seleccionador, el hecho de aún seguir regurgitando -en versión subtitulada, para que a todo el mundo le quede claro- a un Diegote que una vez más se ha desgraciado en público me parece muy berreta, y hasta de mal bicho.
Y de mal bicho que mea fuera del tiesto -no tengo ganas de calificarlo como snob, no me va en este momento eso- me parece lo que un sector importante de la prensa europea especializada en fútbol está haciendo con este tema. Me toca de cerca, y me jode, es verdad. Pero la eterna manía de querer asimilar a Diego (un entertainer, al fin y al cabo) con la sociedad argentina me parece excesivamene facilista , cómoda y remanida.
Todos en algún momento tiramos de tópicos para intentar explicarnos. Pero con Pelusa el tópico termina por deformarlo todo. El Diez es polimorfo, y la visión que firmas como la de John Carlin dispersan entre sus lectores desde la mullida butaca de la corrección política solo se quedan con una arista (solo una) del complejo personaje de Maradona, de su compleja relación de amor-odio con la nación futbolera, y de la aún más compleja sociedad argentina.
Berreta -mucho- es también creer que el vínculo entre el futbolista más grande de la historia de Argentina y la afición de su país se romperá con un resultado que deje a la Albiceleste fuera del Mundial. Y también lo es postular que con el alejamiento de Maradona los problemas del país y su “hasta hoy inexorable avance hacia el subdesarrollo” se reencauzarían. Más que berreta, esto tal vez sea una pendejez, como le gusta decir a Carlin.
En estos días he escrito mucho sobre la selección y sobre Maradona. Seguro que trato de exorcizar el berretismo que me ha invadido. No lo consigo, seguro. El tema me cansa, me agota y hasta me aburre en algún punto. Qué flojo soy… qué berreta soy yo también en el fondo.

Desde que tengo memoria, cada vez que he oído al Die ha causado revuelo, es parte de su aura y su carisma.
Lo hablamos anoche y estoy muy de acuerdo contigo: Maradona tiene un humor finísimo cuando quiere y ha dejado algunas sentencias del pueblo a la altura del filósofo más sabio: “el agua caliente ya está inventada” es de mis favoritas. Diego habla para quien le quiere entender.
Mucha gente estaba esperando un desliz de este calibre por su parte para atacar a un hombre tan querido y tan odiado en todo el mundo. Ya lo dijo, “mi vida es muy rara”.
Pero, quizás sea por mi personalidad bizarra, pero me obviando esta falta de respeto, me encantan las salidas de tono del Die y todo lo que se monta a su alrededor. Creo en que el fútbol no es una cuestión de vida o muerte… sino algo más que eso, pero no por capítulos como este.
Saludos
PD: me apunto esta “berreta”, me ha gustado
La que se está montando con las declaraciones de Maradona de anoche… ¿Podrán seguir juntos Diego y Bilardo?. Cada vez tengo más dudas…