Archivo: mayo 2009

Nadie atiende el celular de Dios

 

Entrenadores

Ischia, Bianchi, y un lugar vacante en el banquillo xeneize.

El fútbol que se ha jugado en Argentina en los últimos quince años no puede explicarse sin la mención de los nombres de los entrenadores más influyentes que ha tenido la competición local recientemente: Ramón Díaz, Marcelo Bielsa y Carlos Bianchi.

El Pelado destacó (y, en menor medida, lo sigue haciendo) por su excelente gusto a la hora de elegir a los integrantes de sus equipos, por ser uno de los directores técnicos que más oportunidades ha dado a los jugadores de las divisiones inferiores (Ramón ha hecho debutar en primera división a muchas de las estrellas que River Plate ha dado al mundo del fútbol en los noventa y durante la primera década del siglo XXI), y por insuflar a sus equipos de un espíritu ganador a prueba de casi cualquier adversidad. El riojano -una especie de José Mourinho a la argentina, dueño de una de las lenguas más afiladas del Cono Sur- jamás ha dejado indiferente a nadie. Idolatrado por la casi totalidad de la masa millonaria y resistido -por ser suaves- por xeneizes y el resto de la comunidad futbolera argentina.

El Loco, primero con Newell’s y luego con Vélez, demostró que con equipos carentes de nombres rutilantes se puede llegar al máximo nivel del fútbol sudamericano, en base al trabajo metódico y al estudio y la innovación táctica, una asignatura pendiente para los entrenadores argentinos y latinoamericanos en general. Muy pocos -Manuel Pellegrini, Héctor Cúper, Luiz Felipe Scolari, Vanderlei Luxemburgo- han alcanzado recientemente cierto grado de reconocimiento internacional y han estado el frente de proyectos importantes en Europa. Bielsa -que tuvo un brevísimo paso por la liga de España antes de ser nombrado seleccionador de Argentina- es el director técnico más innovador que ha dado el balompié latinoamericano desde la irrupción en los años setenta y ochenta de nombres como los de Telé Santana, César Luis Menotti, Francisco Maturana y Carlos Salvador Bilardo. Tras una paradójica gestión de la Albiceleste -realizó una de las mejores eliminatorias de toda la historia, y pocos meses después quedó eliminada en la primera ronda de la Copa del Mundo de 2002- el corazón leproso de MB se llamó a silencio. Un ostracismo que rompió cuando fue contratado por la federación chilena antes del inicio del proceso de clasificación a Sudáfrica 2010. Al frente de una rica y muy trabajada selección, Marcelo Bielsa -hoy por hoy el seleccionador con el sueldo más alto de América del Sur- vuelve a estar en boca de todos por conseguir, de momento, el acceso directo de la Roja al próximo Mundial.

Pero, sin menospreciar la producción y la foja de servicios de Díaz, Bielsa, o cualquier otro director técnico que haya actuado en los últimos tres lustros en Argentina, la huella más profunda, el palmarés más valioso, la sombra más larga es la de Carlos Bianchi, el Virrey.

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Podcast – Mayo 24, 2009

 

Podcast

Industria nacional

 

Kaká, Robinho y Luís Fabiano, talento "europeo" en la selección de Dunga.

Pese a que Brasil y Argentina cuentan con lo mejor de su talento futbolístico en tierras europeas, los seleccionadores de ambas potencias han dado muestras en las últimas horas de que tienen en cuenta a los jugadores que actúan en las ligas de sus respectivos países.

Las convocatorias a la Canarinha o la Albiceleste son de las más caras de la escena internacional. Sin embargo, algunos productos nacionales han conseguido colarse en la lista de Dunga y en el equipo de Diego Maradona.

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Una platea en el Tomás Adolfo Ducó

 

Tras la goleada ante River, Huracán ha sido proclamado como el equipo "que mejor juega" en Argentina.

Hace muchos -pero muchos- años, uno tenía mucho tiempo libre y amigos ricos en contactos. Hace muchos años -sin trabajar en la sección de deportes de la entrañable emisora de la Avenida Santa Fe- uno se dejaba caer por la radio los sábados y domingos para colarse entre quienes hacían las transmisiones en una especie de viaje a lo desconocido. Un sábado la sufrida cabina de la cancha de Morón, y el domingo el premio de el Monumental. Un viernes por la noche el Amalfitani, y el domingo después del mediodía la inyección adrenalínica de la Bombonera.

Una época cargada de anécdotas, de momentos de los que apenas hoy -casi dos décadas después- uno comienza a sacar rédito emocional, una larga temporada de cenas en El Obrero, Chiquilín o en Las Cuartetas en las que había que callar y oir lo que un monton de gente que sabía (y sigue sabiendo, claro) tenía para decir sobre lo que se estaba cociendo en el fútbol de Argentina de ese entonces.

Me emocionaba pensar que en esas a veces demasiado retorcidas tertulias uno tenía el privilegio de poder espiar lo que la intelligentsia futbolera porteña tenía para decir. Dos narradores, dos plumas de Clarín y una de La Nación, un ex árbitro, y alguien que terminó estando muy involucrado en el anterior cuerpo técnico de la selección argentina eran los más ilustres miembros de este grupo itinerante, que se gastaba las horas discutiendo tácticas, nombres. cábalas, rumores e historias prohibidas e impublicables.

Dos décadas atrás esa tribu a la que se me permitía acceder como elemento complementario gozaba de un panorama futbolístico muy diferente al actual. Enormemente rico en talento en comparación con lo que hoy propone el Clausura 2009. Sin embargo, sigo imaginando a más de uno de esos personajes sentado por estos meses en las plateas del victoriano palacio Ducó, donde el campeonato argentino deja entrever jornada a jornada los dos cantos antagónicos de su filo.

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