
Con casi un tercio del Paulistâo disputado los cuatro equipos grandes del campeonato estadual más importante de Brasil (Palmeiras, Corinthians, Santos y Sâo Paulo) y un histórico (la Portuguesa) ocupan, sin espacio para las sorpresas, las primeras posiciones del certamen.
Apuesto que hacia finales de Marzo, cuando esté por concluir la fase regular de este campeonato, aún encontraremos a estos clubes compitiendo por la lucha por el campeonato. El sábado 28 del próximo mes, por la jornada 17, Sào Paulo y Palmeiras vivirán un intenso partido en el que puede quedar sellada la suerte de “tricolores” y seguidores del “Verdâo” de cara a la postemporada.
La rivalidad entre las aficiones de ambos equipos es máxima y -por desgracia- recientemente se han producido hechos de violencia entre ambos grupos. Brasil, un país poco habituado a este tipo de hechos dentro o en las adyacencias de los terrenos de juego, intenta encontrar un paliativo a este fenómeno.
Marco Aurélio Cunha, el superintendente de fútbol del Sâo Paulo FC, ha sorprendido a la afición brasileña con una idea que puede ayudar a bajar el nivel de agresividad entre las torcidas del “Clube da Fé” y de la escuadra de Palestra Itália. El directivo ha propuesto que los dos máximos ídolos de cada uno de los clubes, los porteros Rogério Ceni y Marcos, participen durante la semana previa al crucial partido en los entrenamientos del equipo rival.
La escena sería más o menos así: Marcos llegaría una mañana a la ciudad deportiva del Sâo Paulo en Barra Funda, donde Rogério Ceni sería su anfitrión en la sesión de entrenamiento del equipo entrenado por Muricy Ramalho, quien ya ha prestado públicamente su conformidad a la iniciativa de Cunha. Un par de días más tarde el portero-goleador se trasladaría a la Academia de Futebol palmeirense, donde se invertirían los roles.
Marcos y Rogérico Ceni, que mantienen una buena relación personal pese a haber competido durante muchas temporadas por el cetro del mejor portero de Brasil, también están de acuerdo con la posibilidad de ser los protagonistas de esta medida anti-violencia. Pero al entrenador del Palmeiras, el polémico Vanderlei Luxemburgo, le ha tocado jugar el papel de “malo de la película” en esta iniciativa.
El ex estratega del Real Madrid aún no ha sido consultado oficialmente por la directiva “Alviverde”, pero ya ha dejado entrever que se opondría rotundamente si esta cuestión llegara a sus manos. “Soy muy práctico con respecto a este asunto. Encuentro que este intercambio es innecesario, no tiene nada que ver. Ellos (los porteros) son contratados por sus clubes, donde deben trabajar. La rivalidad parte más del dirigente que de los atletas. Rogério y Marcos son dos ídolos de Brasil y no necesitan esto”, sentenció ayer Luxa.
Sin lugar a dudas, la iniciativa es encomiable, como también lo es la intención de los dos arqueros. Pocos mensajes más claros, directos y con mayor llegada que aquellos protagonizados por personajes de enorme trascendencia dentro del mundo del fútbol. Pero, poniendonos en la piel del bueno de Luxa, encuentro bastante lógica en su rechazo a esta propuesta. ¿Qué pasaría si Marcos se lesiona entrenando con la plantilla del Sâo Paulo? ¿Qué ocurriría si Rogério Ceni tiene un accidente de camino a la Academia de Futebol? Y -en un plano más banal-, ¿qué ocurriría si durante estos entrenamientos “cruzados” los atacantes del Sâo Paulo descubrieran fallos, puntos débiles de Marcos, o si algo similar ocurriera con Rogério Ceni y su visita al Palmeiras?
¿Qué pesa más? ¿La actualidad deportiva, la necesidad de obtener los tres puntos, la competición pura y dura? ¿O el deber moral de colaborar con las medidas anti-violencia?





