El mejor futbolista argentino de todos los tiempos fue el responsable de que muchos conceptos y preconceptos del deporte tuvieran que ser revisados a lo largo de su carrera. “El Diez” se atreve ahora a reescribir los conceptos de amistad, compromiso laboral y fidelidad a un proyecto trascendente. De momento, garantiza que en en una semana estará en Glasgow. De ahí en adelante, chi lo sá.
Diego Maradona se peleó hace mucho tiempo con Julio Grondona, el presidente de la federación argentina. Hace mucho más tiempo se había distanciado de Oscar Ruggeri, compañero de mil batallas como jugadores de la selección. Uno de sus mejores amigos a lo largo de su vida profesional, en cambio, ha sido Sergio Batista, a quien Diego prácticamente instaló como entrenador de las selecciones juveniles albicelestes.
La llegada de Maradona como entrenador del equipo nacional absoluto implicó restañar viejas heridas con Grondona, que a su vez debió hacer las paces con Carlos Bilardo, uno de sus mayores críticos en los últimos años. El seguro ayudante de campo de “el Diez” sería Batista, amigo y confidente del astro, y aceptado y hasta protegido por el entorno de “Don Julio”. Además, respaldado por la medalla de oro ganada en Beijing este verano. Nada que discutir.
Desde que Maradona entregó su tarjeta de embarque en el aeropuerto de Ezeiza al inicio de su gira fugaz por Europa, en su estreno como seleccionador, y su llegada a Barajas algo cambió. Los tres partidos que vio en vídeo, las largas charlas que ha podido mantener con Bilardo en esas 12 horas de vuelo, quizás el servicio de a bordo de Iberia, la mayonesa en mal estado de ese bocata que comió a los apuradas en el V.I.P. de la T4… alguna de estas cosas le ha hecho cambiar de pensamiento. Porque ahora, el odiado “Cabezón” Ruggeri pasó a ser el único que está calificado para ser su segundo entrenador, junto con Alejandro “el Pulpo” Mancuso (ex volante, y ahora algo así como el manager de Maradona). Y porque ahora “Diegote” considera a Batista como un buchón (un soplón, en la jerga carcelario-policial argentina), y parece haberse olvidado de alguien que siempre estuvo a su lado.
Bilardo no opina públicamente, y hasta ahora ha mirado todo desde un rincón. Esperando la movida de Grondona, un presidente de la AFA que, por convencimiento o por necesidad, ha aceptado dentro del círculo más poderoso y reservado de la federación y la selección a dos personas que hasta hace dos meses eran críticos acérrimos de su gestión, como “el Pelusa” y “el Narigón”. La hipotética entrada de un tercer crítico reconvertido (ese y no otro debería ser el papel de Ruggeri si fuera aceptado por el mandamás) levanta sospechas y recelos en el vicepresidente de la FIFA, quien quizás sienta que en las oficinas de la calle Viamonte y en el centro de entrenamiento de la federación le estén montando un Caballo de Troya.
Ante la negativa en redondo de Grondona de aceptar a Oscar Ruggeri como segundo entrenador de la selección, en detrimento de Batista, Maradona, que se ha pasado los últimos años luchando para poder llegar a estar donde ahora está, amenaza con renunciar a su cargo si las barreras que la AFA está poniendo para la llegada del ex defensa de River, Boca y el Real Madrid no son levantadas. NO COMMENT.





