junio 3, 2008 Argentina, Brasil, Copa Libertadores de América, Fútbol de la CONMEBOL, México
La antesala. El momento preliminar. La posibilidad de ser -en algún caso por primera vez en toda su historia- noticia a nivel global. Comenzar a oler la gloria de cerca. Atizar el fuego de la gesta final.
Así están ahora, mientras escribo este demorado post, los planteles del América de México y de Liga de Quito. Velando armas para el duelo de esta noche en Casa Blanca, en Ecuador. Dos semifinalistas de la Copa Libertadores que no entraban en los planes de nadie, pero que afortunadamente están aquí, golpeando en el portal del cielo futbolístico latinoamericano.
Los aficionados aztecas aún están tratando de asimilar la oficialización del sueco Sven-Göran Eriksson como entrenador de la selección de su país (Qué fuerte, no?), al tiempo que no pueden entender cómo este equipo de las Águilas -probablemente el de peor performance en un campeonato local en toda la historia del gigante mexicano- tenga aún chances de ser finalista del máximo certamen internacional de clubes tras la Champions League.
Muchos son los motivos por los cuales el América ha llegado a este estado. Es un club poderosísimo desde el punto de vista económico, controlado con un mando a distancia desde el lujo de una villa de Miami por Emilio Azcárraga Jean, el presidente del Grupo Televisa, el grupo mediático más importante de habla en castellano de todo el mundo, con intereses en todo el continente americano (incluyendo el vital mercado estadounidense), e incluso con participación en España (es parte del conglomerado accionario de la Sexta… o al menos lo era al momento de la fundación de la cadena donde trabajan Andrés Montes, Salinassssssss y el Capitán Narváez.
El América puede fichar lo que desee. Tiene la capacidad de competir económicamente hablando con casi todos los equipos fuertes de Europa en ese sentido. Solo la distancia y el desconocimiento generalizado que existe sobre la realidad de la liga de México impiden a las Águilas hacer valer más sus dólares que los euros de los grandes del Viejo Continente. El dinero llega desde el sur del Estado de Florida -temporada tras temporada- para que el equipo azulcrema contrate todo lo que el entrenador o el consejo de administración de turno determinen.
Los de Coapa han pecado -dentro de este marco de recursos financieros virtualmente inagotables- de galactismo. Fichan nombres, figuras que brillan en otros equipos de dentro y fuera de México como si de una colección de cromos se tratara. Hasta ahora esta fórmula florentinista (si se me permite la comparación) les ha dado resultado. Pero este Clausura 2008 ha sido el que les ha obligado a repensar su modus operandi. La plantilla americanista es una de las más descompensadas del panorama mundial. Los errores logísticos y tácticos de Daniel Alberto Brailovsky al conformar este equipo en la última parte del 2007 no han podido ser remedados más tarde por Rubén Omar Romano, un entrenador súper ofensivo, que tampoco ha sabido calibrar a esa supuesta arma de precisión que deberían haber sido las Águilas en este primer semestre del 2008.
Dos entrenadores argentinos que salieron por la ventana tintada y blindada de los despachos a los que solo se llega en helicóptero. Ya sin posibilidades de entrar en los play off del Clausura y con un 2-4 en el partido de ida de los octavos de final de la Libertadores ante nada más y nada menos que el Flamengo, el marrón de bajar el telón a esa nefasta campaña quedó en manos de un hombre del club de Juan Antonio Luna, uno de los formadores de las fuerzas básicas del equipo más popular de México.
En el fútbol los milagros existen. Y los excesos de confianza también. El milagro lo puso en el Maracaná el Cabezón Luna, que cambió completamente al equipo. Reordenó sus líneas. Lo hizo un poco más defensivo y vertical (aunque suene paradójico). Y -sin nada que perder- terminó goleando al equipo brasileño por 3-0 en Río de Janeiro. El exceso de confianza, el menospreciar a un rival al que consideraban muerto y enterrado, la falta de respeto a su afición… todo aporte del Mengao.
Con una menor cuota de heroicidad, luego el América se deshizo del Santos, que está muy lejos de reencarnar en una nueva generacion de meninos da Vila. Contra todo pronóstico, las Águilas -que en el partido de ida de estas semifinales no estuvieron a la altura del Estadio Azteca y empataron 1-1 ante la Liga- no pueden ser descartados como uno de los dos finalistas de la Libertadores.
El América es un grande y siempre -por esas cosas que tienen los equipos que están acostumbrados a luchar por cosas importantes- tiene que ser tenido en cuenta en todo pronóstico. Pero si hay un conjunto que ha destruido cualquier apuesta previa (hay gente que debe haber hecho ya mucho dinero jugando sus euros por estos jugadores) es la Liga de Quito. El conjunto ecuatoriano fue el primero en conseguir el pase a la segunda ronda y -pese a ello- no fue considerado un candidato serio. Así como al América le tocaron dos brasileños, a los albos se le pusieron de por medio dos huesos argentinos, como Estudiantes de La Plata (uno de los equipos más competitivos y equilibrados de ese país), y San Lorenzo de Almagro, un conjunto que este año cumple su centenario de vida, y que a golpe de talonario conformó una escuadra de lujo.
Lo del fútbol ecuatoriano ya no es casualidad. Es una evolución constante y notable, pese a las carencias económicos imperantes en el país, a lo poco desarrollado que está su campeonato (que en esta temporada tiene 12 participantes, pero que hasta el 2007 solo contaba con 10 equipos), y al desprecio del que ha sido objeto históricamente. Primero fue la selección, que para sorpresa de toda Sudamérica consiguió dos clasificaciones consecutivas a los últimos mundiales, de la mano de la escuela colombiana de entrenadores (Francisco Pacho Maturana, Hernán Darío el Bolillo Gómez y Luis Fernando Suárez), y ahora parece ser Liga de Quito, el equipo moldeado por un batallador como Edgardo el Patón Bauza, el encargado de volver a levantar el estandarte del balompié ecuatoriano.
En palabras de Bauza -acertadísmo y medido, lejos siempre de la euforia- a Liga no le sobra nada. Es la antítesis del América. Es un equipo armado en base a las sobras de otros equipos (Claudio Bieler, ex Colo Colo), ex grandes promesas que se aferran a la última oportunidad de subirse un tren a la historia del fútbol (Damián Manso, ex Newell’s, Independiente, Bastia, y Xanthi), y jugadores de irrupción explosiva en el panorama sudamericano, como el atacante Joffre Guerrón, pretendido en estos momentos por todos los equipos grandes de América y por alguna entidad europea, como el Getafe.
Pero LDUQ no se suscribe solo a estos tres jugadores. El equipo de Casa Blanca tiene un más que correcto portero (José Francisco Cevallos); un mariscal que pendula entre la defensa y el mediocentro táctico, como Paul Ambrossi; un volante con muchísimo gol, como Luis Bolaños; un veterano killer del área que aún tiene mu
cha pólvora en sus botas, como Tin Delgado… una plantilla humilde, pero con mucha riqueza de recursos, con mucho fondo de banquillo. En cuanto a hambre de hacer historia, por la forma en que se vacían sobre el terreno de juego, por la ilusión con la que toda la afición ecuatoriana empuja a la Liga, el equipo de Quito merece -quizás más que ninguno de sus tres compañeros de fase- llegar a la final.
Sobre Boca y el Fluminense, los otros dos semifinalistas -que a mitad de la pasada semana igualaron 2-2 en el estadio de Racing de Avellaneda- hemos hablado mucho y seguiremos hablando seguramente.
El partido de ida fue de altísima calidad, derrumbando uno de los mitos más hirientes que pesan sobre el fútbol sudamericano: la lentitud. Xeneizes y el Fluzao jugaron a un ritmo endemoniado, sobre todo en la primera mitad. Riquelme y su ballet no pararon de generar ocasiones, y los jugadores de Renato Gaúcho supieron contestar con la misma agresividad. Los dos jugadores indicados para brillar y ponerse sus respectivos equipos al hombre (Román y Thiago Neves) no defraudaron… incluso marcaron goles.
Pese a que no marcó, en Boca nuevamente Rodrigo Palacio volvió a hacer un gran partido. Y por el lado de los cariocas, el defensa Thiago Silva dejó entrever a un jugador de enorme categoría y carácter, firmando un partido que le ha elevado a la categoría de ídolo de la afición tricolor.
Más allá del desafortunado error del portero Pablo Migliore en el segundo gol del Fluminense, Boca parece empecinado en tener que definir su llegada a la final sufriendo. Ha jugado con fuego ante el Atlas y frente al Cruzeiro, y hasta ahora la apuesta le ha salido bien. Volverá el equipo de Carlos Ischia a tirar de su mística copera y regresará el jueves a Buenos Aires con el boleto a la final obtenido -nuevamente- frente a un equipo brasileño? O podrá más la ilusión del decano del fútbol carioca, que hasta ahora no se estrenado en eso de ser campeón a nivel sudamericano? Si hay una temporada propicia para que el Flu se corone como emperador de América es esta. Pocas veces en su historia los tricolores han tenido una plantilla tan potente como la actual. Con jugadores como el arquero Fernando Henrique, el mencionado Thiago Silva, el brillante mediocentro Arouca, la sobriedad de Cícero, el aporte constante de Darío Conca, el salto de calidad que aporta Thiago Neves, y la pegada que arriba tienen hombres como Washingyon y Dodô, sería injusto que un equipo como este quedara en el olvido si fuera eliminado por los argentinos.
Dos semifinales como hace mucho no tenemos en la Libertadores. Con todas las posibilidades abiertas. Con la ilusión de los albos, con el orgullo en juego por parte de las Águilas, con la corona que los xeneizes no quieren ceder, y con el derroche de calidad que de tres cuartos de cancha hacia adelante tiene la Máquina Tricolor.
